miércoles, 8 de octubre de 2014

Del “homo papyrus” al “homo digitalis”



En esta entrada voy abordar una figura fundamental y poderosa en el campo literario: el lector.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define el vocablo lector como  “Que lee o tiene el hábito de leer” o “Que lee en voz alta para otras personas”. Considero que estas definiciones no son suficientes para describir a la figura del lector y creo conveniente ampliarlas añadiendo que un  lector –al ser el receptor de un texto– tiene el poder de dar, recobra y asignar sentido a las palabras de un escritor.  En consecuencia, sin lectores no existiría, públicamente, la figura del escritor.


Ahora mi pregunta es ¿desde cuándo hay lectores?

El homínido es lector desde que plasmó  e interpreto ideogramas, pictogramas en soportes como las paredes de cavernas, rocas, etc. Asimismo, introdujo la escritura en  maderas, cueros, huesos, cortezas de árboles... Más tarde, comenzó a grabar en tablillas de arcilla, seguidamente cristalizó sus ideas en los papiros y  pergaminos, hasta llegar al papel.

Desde el inicio de la escritura, el lector ha sufrido constantes transformaciones en lo que se refiere al acto de la lectura. Por esta razón, a este lector no le queda otra alternativa que la de “innovar o morir”.  Pero, en la actualidad, ¿cómo y en qué soporte lee el lector?

Actualmente, en la era de la web 3.0 y con los avances tecnológicos, el hábito de la lectura ha sufrido un cambio de paradigma. La aparición de los textos digitalizados ha relegado a un lugar distinto, que no inferior, a los textos en formato papel.    

Desde la llegada de Internet el número de lectores se ha incrementado debido a que la población, al dedicar muchas horas diarias a estar conectado a la red bien sea por ocio, trabajo, estudios, etc., está leyendo constantemente –a  veces sin ser consciente de ello– en redes sociales, periódicos digitales, correos electrónicos, foros, blogs… De manera que esto es algo positivo porque gracias a estos medios y redes digitales la población está leyendo más que nunca.

Otro hecho a destacar es que con el surgimiento de Internet los sistemas tradicionales de producción de libros se han visto alterados. Ahora encontramos editoriales, librerías y bibliotecas virtuales que satisfacen las necesidades de estos lectores conectados a la red. Este fácil acceso para adquirir libros, tanto en formato papel como digital,  a través de la red ha sido un éxito para crear nuevos lectores.

Tampoco debemos olvidar que con la aparición de Internet nace el problema de las descargas ilegales y, en consecuencia, la violación de los derechos de propiedad intelectual. Este es un tema delicado hoy en día ya que mediante estas descargas ilegales las industrias editoriales, cinematográficas y musicales se ven enormemente perjudicadas.

De esta manera, con el surgimiento de las nuevas tecnologías, la experiencia del lector ha cambiado totalmente porque  el lector ya no lee en tinta tradicional, sino que lee mediante píxeles o la denominada tinta electrónica. En ese sentido, el soporte ya no es ahora el papel, sino que puede ser cualquier pantalla de un dispositivo digital bien ya sea una tableta, móvil, ordenador, lector de libros electrónicos, etc.  

Por ende, el concepto de lector ha cambiado en esta época digital. Ya no se trata de un lector que disfruta de un texto en su soledad, sino que se trata de un lector conectado a cualquier tipo de dispositivo digital y que, además, puede estar interactuando con otros lectores al mismo tiempo.

El lector de libros electrónicos, lector de libros digitales o lector de ciberlibro (o como desees denominar a este aparato) ha proporcionado muchas ventajas como puede ser transportar cientos, miles y millones de libros en un tamaño muy pequeño y ligero. A mi parecer el lector de libros electrónicos es sinónimo de biblioteca portátil en la que el lector elabora su propio catálogo. Otra ventaja es que el tamaño de la letra puede ser modificado para que resulte una lectura más cómoda, el precio de los textos digitales es más económico respecto al formato impreso, los ojos no se cansan, etc.

Sin embargo, en esta época en la que lo digital está sobrevalorado, se estima más que nunca el texto en formato impreso porque ofrece una experiencia única, que jamás llegará a proporcionar la edición digital. Es cosa sabida la gran satisfacción que produce sentir el tacto del papel al pasar las páginas, su olor, el peso real de un  libro, el espacio físico que ocupa, etc.





En resumidas cuentas, actualmente encontramos un lector heterogéneo que se sitúa a medio camino entre la lectura en formato impreso y  en formato digital. En otras palabras, el lector acude al soporte digital para unos fines distintos que en el soporte impreso, y viceversa.


Y tú ¿te consideras un “homo papyrus” o un “homo digitalis”?


Me gustaría concluir esta entrada compartiendo una cita extraída del discurso del Premio Nobel de Literatura de 2010, Mario Vargas Llosa:

Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida.





No hay comentarios:

Publicar un comentario